Bodas por la iglesia

Una boda por la iglesia, a día de hoy, es el método más usado por las parejas para casarse. Después de algunas bodas, pasar unos días y hablar con algunas de nuestras parejas sobre lo acontecido en su día hemos sacado ciertas conclusiones. Pero primero os dejamos nuestro trabajo para que veáis algunos ejemplos de parejas que celebran así su ceremonia.

Espera del novio

Uno de los momentos que más parejas nos hacen referencia es el momento en que el madrina y el novio esperan a los pies del altar a la llegada de la novia. Son muchos nervios los que pasan en estos momentos. Las manos le sudan, no paran quietos en el sitio, la mirada siempre puesta en la puerta e incluso parece que los segundos no pasan. A todo esto le añadimos los saludos de los amigos y familiares que comienzan a llegar a la iglesia. El novio en ese momento “reza” porque la novia llegue lo antes posible pero que se presente.

La entrada de la novia

Si antes el novio estaba nervioso ahora por su cuerpo recorre de todo. Verla vestida de blanco agarrada del padrino y acompañada de algunos niños que portan las arras y añillos, le saca una sonrisa. Esta sonrisa rápidamente se va convirtiendo en un pequeño, mediano, grande, nudo en la garganta (esa es la evolución) que hace que las lágrimas acaben corriendo por si cara. La madrina mira al novio y le comenta lo guapa que está la novia y el novio no puede dejar de mirarla.

Mientras tanto la novia, nerviosa al pasar por la puerta de la iglesia, comienza a mirar por todos lados y a saludar a la gente. Realmente no sabe que es lo que dice y hace, en ese momento se siente en una nube y aunque es su día lo único que se le pasa por la cabeza es llegar junto al novio. También son muchas las que piensan que no deben tropezarse con la moqueta y el nivel de tensión que se genera es increíble. Por fin llegan hasta el altar y ambos se sonríen comidos de nervios y emoción.

Las lecturas, los anillos y las arras de boda

Durante toda la ceremonia ambos cónyuges no paran de pensar en el instante en el que tengan que leer y decir las palabras de compromiso hacia el otro. La palabra “felicidad”, fedilidad” y por fin “fidelidad” sale de sus bocas tras varios intentos. Todo vuelve a ser normal y a relajarse. Por fin ha pasado ese momento.

Ahora llega el momento de las arras y alianzas de boda. Hacemos una recomendación a las parejas y es que no hagan nudos muy difíciles a los anillos para sujetarlos al porta alianzas. Cuando el cura se dispone a desatar ese gran entramado que hay de lazos acaba desistiendo. Pide ayuda a los novios para que intenten desatar esa maraña. Los novios lo intentan y no hay manera. Algún que otro invitado cercano se acerca para colaborar con la causa pero ya son muchas manos en la masa.

No sabemos muy bien cómo pero los anillos acaban separándose del porta alianzas.

Salida de la iglesia

Ya ha pasado todo y los invitados salen del edificio. Los novios esperan para que todos a fuera estén listos. Mientras tanto los invitados, como si de una guerra se tratara, guardan municiones en sus manos. Arroz, pétalos, tubos que explotan, etc todo esto en el mejor de los casos. Hay veces que legumbres de todo tipo corren por las manos de la gente como el agua.

¡Todos preparados que los novios ya vienen! Los novios aparecen por las puertas y una avalancha de objetos no identificados comienza a caer sobre los novios. La novia en un acto de valentía y compasión coge su velo de su vestido de novia para tapar a su esposo y a ella. De poco sirve por que el arroz ha calado hasta en interior de sus trajes e incluso dentro de su cuerpo, acompañándoles ahí hasta altas horas de la noche.

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